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viernes, 5 de agosto de 2011

El desconcertante llamado de Dios




"Cuando lleguemos a Jerusalén se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre... Sin embargo, ellos nada comprendieron de estas cosas...", Luc_18:31, Luc_18:34
Dios llamó a Jesucristo a lo que parecía un terrible desastre.
Jesucristo llamó a sus discípulos para que lo vieran morir, los condujo a todos, sin excepción, al lugar donde el corazón de ellos se quebrantó. La vida de nuestro Señor fue un absoluto fracaso desde todo punto de vista, excepto el de Dios. Pero, lo que parecía un fracaso ante los ojos del hombre, fue un extraordinario triunfo desde la perspectiva divina porque los propósitos de Él nunca son los del hombre.
El desconcertante llamado de Dios también viene a nuestra vida y no se puede enunciar de una forma clara y detallada porque es implícito. Es un llamado que sólo nuestra verdadera naturaleza interior puede percibir y entender. Es como el llamado del mar: nadie lo oye sino aquel que tiene en sí mismo la naturaleza del mar. No se puede afirmar de una manera cierta cuál es el llamado de Dios, porque su llamamiento es sencillamente para ser Sus amigos y alcanzar Sus propios propósitos. La prueba real es creer verdaderamente que ÉL sabe lo que quiere. Las cosas que suceden, no ocurren por casualidad, sino enteramente por el mandato de Dios. El está llevando a cabo sus propósitos.
Si estamos en comunión y unidad con Él y reconocemos que nos está dirigiendo hacia sus propósitos, no trataremos más de descubrir cuáles son. A medida que crecemos en la vida cristiana, ésta se vuelve más sencilla porque nos sentimos menos inclinados a decir: “Me pregunto porqué permitiría Dios esto o aquello”, e inmediatamente nos damos cuenta de que, detrás de todo, se encuentra su propósito que nos constriñe. ¡Existe un Dios que determina nuestro propósito! Un cristiano es alguien que confía en el conocimiento y la sabiduría de Él y no en sus propias capacidades. Los propósitos nuestros destruyen la sencillez y la tranquilidad que deberían distinguir a los hijos de Dios.


jueves, 4 de agosto de 2011

"La ira del hombre"


“Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Jam_1:20).


El cuadro nos es familiar. Una reunión de la dirección de la iglesia está en marcha y debe tomarse una decisión. No se trata de alguna doctrina importante de la fe sino quizás acerca de reformas del local o de distribuir algunos fondos. Se produce un desacuerdo, se inflama la ira, se caldean los ánimos y los gritos irrumpen. Unos pocos individuos, decididos, los vocales de la mesa directiva, finalmente prevalecen. La reunión llega a su fin y se van con la ilusión de que han hecho avanzar la obra de Dios. La verdad es que hicieron avanzar cualquier cosa menos la obra de Dios y Su voluntad. La ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Se cuenta la historia de que Emerson salió precipitadamente de una reunión de comité donde había habido muchos argumentos y lucha mental. Estaba furioso y parecía oír que las estrellas le decían: “¿Por qué vas tan enojado, hombrecito” A lo que Leslie Weatherhead comenta: “Qué maravillosamente las silenciosas estrellas en su majestad y remota belleza acallan nuestros espíritus, como si estuvieran diciendo realmente: “Dios es lo suficientemente grande para cuidarte”, y “Nada de lo que te preocupa es tan importante como parece”.
Sabemos que, efectivamente, hay lugar para la ira justa. Esto ocurre cuando el honor de Dios está en juego. Pero Santiago no está pensando en eso cuando habla de la ira del hombre. Se refiere al hombre o a la mujer que insiste en salirse con la suya, y que cuando es obstaculizado, explota en ira. Se refiere a la orgullosa persona que considera que su juicio es infalible, y por lo tanto se muestra intolerante o inconforme.
Para los de este mundo, el temperamento explosivo es señal de fuerza, símbolo de liderazgo y un medio de demandar respeto. Creen que la mansedumbre es debilidad.
Pero el cristiano sabe mucho más. Entiende que cuando pierde la cabeza también pierde respeto. Toda explosión de ira es un fracaso. Es la obra de la carne y no el fruto del Espíritu.
Cristo nos ha enseñado un camino mejor: El camino del dominio propio, de dar lugar a la ira de Dios, de mostrar mansedumbre a todos los hombres. El camino de soportar pacientemente el agravio, de volver la otra mejilla. El cristiano sabe que con cada manifestación de ira, oculta la obra de Dios, hace borrosa la diferencia visible entre él y los inconversos y que sella sus labios en lo que respecta al testimonio.


William MacDonald
























martes, 2 de agosto de 2011

Ni se complace en la agilidad del hombre


“Ni se complace en la agilidad del hombre” sal 147:10.

¡Qué expresión más interesante! ¡El Dios grande y trascendente no se complace en la agilidad del hombre!
Podemos pensar en esto en relación el mundo del atletismo. La estrella de la pista, ágil y veloz, que cruza la línea final con las manos extendidas hacia arriba en triunfo. El jugador de baloncesto, atravesando la pista para meter la canasta de victoria. El héroe del fútbol, fuerte y muscular, que avanza irresistiblemente y mete el gol.
La multitud se desboca, salta, grita y aplaude (o alternativamente abuchea y silba). Son fanáticos que se involucran emocionalmente en cada jugada del partido. Podríamos decir que se complacen, ¡y tanto!, en la agilidad del hombre, es decir, en su habilidad para realizar el juego.
Nuestro versículo no intenta prohibir el interés en los deportes. La Biblia habla del valor del ejercicio corporal. Pero el desinterés de Dios en la agilidad de un hombre debe recordarnos que debemos mantener nuestras prioridades en orden.
Es fácil que un joven creyente esté tan absorto con algún deporte que éste se convierta desgraciadamente en la pasión de su vida. Sus mejores esfuerzos están encauzados para lograr la excelencia en el mundo. Se disciplina en el uso del tiempo, los alimentos y el sueño. Practica incansablemente perfeccionando su habilidad en toda jugada concebible. Mantiene un régimen planeado de ejercicio para conservarse en excelente condición física. Piensa y habla acerca de este deporte como si fuera su vida. Quizás en realidad lo es.
En ocasiones, un joven cristiano como éste puede ascender como la espuma cuando de repente se da cuenta de que Dios no se complace en la agilidad del hombre. Si desea caminar en comunión con Dios, necesita adoptar la perspectiva de Dios.
Entonces, ¿en qué se complace Dios? El versículo 11 del Salmo 147 nos dice: “Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia”. En otras palabras, Dios está más interesado en lo espiritual que en lo físico. El apóstol Pablo se refiere a este mismo sistema de valores cuando dice que “el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1Ti_4:8).
Cuando hayan pasado cien años y las aclamaciones dejen de resonar, cuando el estadio esté vacío y el marcador olvidado, lo que realmente contará es la vida que buscó primeramente el reino de Dios y Su justicia.
William MacDonald

viernes, 29 de julio de 2011

DEVOCIONAL



“...porque conforme a la parte del que desciende a la batalla, así ha de ser la parte del que queda con el bagaje; les tocará parte igual” (1Sa_30:24).




Cuando David recobró la ciudad de Siclag de mano de los amalecitas, algunos de sus hombres no quisieron compartir el botín con los doscientos que habían quedado atrás en el torrente de Besor. David dispuso que aquellos que cuidaban las provisiones debían compartir igualmente con los que fueron a la batalla.
Por cada soldado que entra en combate, hay varios que trabajan atrás de las líneas. En la Segunda Guerra Mundial solamente el 30% de las tropas del Ejército de los Estados Unidos estaban alistadas en unidades de combate. Los demás eran personal de apoyo que servían en unidades como la de ingeniería, intendentes militares, artillería, comunicaciones, transporte y gobierno militar.
Esta situación ofrece un paralelo con la obra del Señor. Aunque todos los cristianos son soldados, no todos están en el frente de batalla. No todos son predicadores, evangelistas, maestros o pastores. No todos son misioneros sirviendo en los frentes de batalla del mundo.
Dios tiene también personal de apoyo en Su armada. Están los fieles guerreros de la oración que agonizan cada día hasta que la marea de la batalla cede. También están los administradores devotos que viven vidas de sacrificio para disponer de más dinero para la causa del Señor. Hay aquellos que proveen comida y alojamiento a los que están cara a cara en conflicto con el enemigo. Entre ellos se cuentan los que mecanografían manuscritos que un día llevarán el mensaje a tierras distantes. También están los que editan, traducen e imprimen literatura cristiana. Pensemos en las mujeres que ministran con excelencia sus hogares, criando hijos e hijas para el servicio del Rey. Por cada uno en el grueso de la batalla, hay otros que sirven activamente como personal de apoyo.
Cuando se repartan las recompensas, los que dieron toda su ayuda compartirán en partes iguales con aquellos que fueron aclamados como héroes de guerra. Todos los que sirvieron sosegadamente detrás de las líneas recibirán los mismos honores que las celebridades evangélicas.
Dios es capaz de ajustar cuentas a todos. Puede medir con precisión la importancia de la contribución de cada uno. Habrá abundancia de sorpresas. Aquellos que no llamaban la atención y pensábamos que no eran importantes, veremos que ocupaban posiciones cruciales. Sin ellos, habríamos sido impotentes.
William MacDonald

jueves, 28 de julio de 2011

Y después de la obediencia, ¿qué?



"En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera", 
Mar 6:45


Somos propensos a imaginar que si Jesucristo nos exhorta a hacer algo y lo obedecemos, Él nos llevará hacia un gran triunfo. Nunca deberíamos pensar que nuestros sueños de éxito hacen parte del propósito de Dios para nosotros. De hecho, su objetivo puede ser exactamente lo contrario. Tenemos la idea de que Él nos está conduciendo hacia un fin particular, una meta deseada, pero no es así. Llegar a un fin especial es de poca importancia y alcanzarlo simplemente es un episodio en el camino. Lo que nosotros vemos sólo como el proceso para alcanzar un fin, Dios lo ve como la meta. 
¿Cuál es mi visión de lo que Dios se propone conmigo? Su propósito es que dependa de Él y de su poder ahora. Si en medio de la tempestad de la vida permanezco tranquilo, fiel y decidido, esa es la finalidad de su propósito. Él no está obrando para llevarnos hacia una meta particular. Su objetivo es el proceso en sí. Lo que desea para mí es que lo ven caminar sobre las olas, sin ninguna playa, éxito o meta a la vista sino con la absoluta certeza de que todo está bien porque lo veo andar sobre el mar (Mar_6:49). Lo que glorifica a Dios es el proceso, no el resultado. 
El entrenamiento de Dios es para hoy, no para mañana. Su propósito es para este minuto, no para un tiempo futuro. A nosotros no nos incumbe lo que viene después de nuestra obediencia y estamos equivocados cuando pensamos en eso. Lo que la gente llama preparación, Dios lo ve como la meta misma. 
El propósito divino es capacitarme para que vea que Él puede caminar sobre las tormentas de mi vida precisamente ahora. Si tenemos una meta posterior en perspectiva, no le prestaremos la suficiente atención al presente inmediato. Pero si comprendemos que la obediencia es el fin, entonces cada momento, venga como venga, será precioso. 


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“¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por eso” (2Ch_19:2).


El rey Josafat se había aliado con el perverso rey Acab para hacer la guerra a los sirios. Esta alianza impía casi le costó la vida. Los sirios confundieron a Josafat por Acab y estaban a punto de matarle cuando se dieron cuenta de su error. Aunque Josafat escapó de la muerte, no escapó de la hiriente reprensión del profeta Jehú. Dios se aira cuando Su pueblo ama a aquellos que le aborrecen y coopera con el impío.
¿Dónde podría suceder una cosa así en nuestros días? Acontece cuando los cristianos evangélicos profesantes se mezclan con liberales declarados en grandes cruzadas religiosas. Estos liberales niegan las grandes doctrinas fundamentales de la fe cristiana. Buscan minar la autoridad de las Escrituras con sus dudas y negaciones. Aunque se hacen pasar por cristianos, en realidad son enemigos de la Cruz de Cristo. Su dios es el vientre y su gloria está en su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal (Phi_3:18-19). La causa de Cristo no se beneficia por su patrocinio, solamente sufre.
A medida que el movimiento ecuménico cobra fuerza, los cristianos que creen en la Biblia enfrentarán una presión cada vez más grande y deberán cerrar filas contra todo elemento impío en la cristiandad. Si lo hacen, serán ridiculizados y denunciados y sus libertades se verán restringidas. Pero la fidelidad a Cristo requiere que caminen por una senda de separación.
Uno de los golpes más severos se deja sentir cuando los mismos cristianos desdeñan a sus hermanos que rehúsan trabajar con los impíos. Es muy común oír a algunos líderes cristianos hablar con aprecio de los modernistas en tanto que atacan a los fundamentalistas. Adulan la erudición de los liberales, citan sus libros con aprobación y muestran una amorosa tolerancia a sus herejías. Para sus hermanos fundamentalistas, en cambio, sólo tienen adjetivos despreciativos porque buscan mantener líneas bien definidas de demarcación entre el justo y el impío.
Solicitar el favor de los enemigos de Dios o buscar su ayuda es una política de traición. Si queremos ser leales a Cristo es preciso que estemos al lado de sus seguidores y seamos inflexibles contra el enemigo.


William MacDonald


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July 28
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.”  1Pe_5:2. 

Esto es equivalente a una promesa: si nos inclinamos, el Señor nos alzará. La humildad conduce al honor: la sumisión es el camino a la exaltación. La misma mano de Dios que nos empuja hacia abajo, está esperando para levantarnos cuando estemos preparados para recibir la bendición. Nos agachamos para vencer. Muchos se rebajan delante de los hombres, y, sin embargo, no reciben la protección que ambicionan; pero aquel que se humilla bajo la mano de Dios no dejará de ser enriquecido, exaltado, sostenido y consolado por el Dios siempre lleno de gracia. Es un hábito de Jehová derribar al altivo y exaltar al humillado.
Sin embargo, hay un tiempo para la obra del Señor. Hemos de humillarnos ahora, incluso en este preciso instante; y estamos obligados a continuar haciéndolo, ya sea que el Señor ponga sobre nosotros Su mano que causa aflicción o no. Cuando el Señor hiere, es nuestro especial deber aceptar el castigo con profunda sumisión. Pero en cuanto a nuestra exaltación proveniente del Señor, esa sólo puede venir “cuando fuere tiempo”, y Dios es el mejor juez de ese día y hora. ¿Clamamos impacientemente pidiendo la bendición? ¿Desearíamos un honor inoportuno? ¿Qué pretendemos? Seguramente no nos hemos humillado verdaderamente, pues, de lo contrario, esperaríamos con tranquila sumisión.  Entonces, hagámoslo.

La Chequera del Banco de la Fe.

miércoles, 27 de julio de 2011

DEVOCIONAL 27-07-11


Julio 27



El camino al conocimiento.

"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios...", Jua_7:17
La regla de oro para obtener discernimiento espiritual no es la búsqueda intelectual, sino la obediencia. Si una persona quiere tener conocimiento científico, se guía por la curiosidad intelectual. Pero, si desea revelación de las enseñanzas de Jesucristo, únicamente lo puede lograr obedeciéndole. Si las verdades espirituales son secretas y ocultas para mí, entonces puedo estar seguro de que en mi vida hay algo que no quiero hacer. La oscuridad intelectual proviene de la ignorancia, pero la espiritual se debe a que hay algo que no tengo la intención de obedecer. 
Nadie recibe una palabra de Dios sin que sea puesto a prueba de inmediato con respecto a ella. Nosotros desobedecemos y luego nos sorprendemos porque no estamos creciendo espiritualmente. Jesús dijo: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano y entonces vuelve y presenta tu ofrenda", Mat_5:23-24. En esencia está diciendo: "No me digas ni una palabra más, primero sé obediente y rectifica eso". Las enseñanzas de Jesús nos impactan donde más nos duele. No podemos engañarlo ni por un instante. Él nos enseña hasta en el más mínimo detalle. El Espíritu de Dios descubre nuestra actitud de auto justificación y nos hace sensibles a verdades en las que nunca habíamos pensado. 
Cuando Jesús te muestre algo por medio de su Palabra, no lo evadas. Si lo haces, te convertirás en un farsante religioso. Examina aquello en lo cual tiendes a encogerte de hombros, a desobedecer y comprenderás por qué no estás creciendo espiritualmente. Como dijo Jesús: Ve, reconcíliate primero. Debes obedecer lo que Dios te dice aunque corras el riesgo de que te crean un fanático. 

jueves, 21 de julio de 2011

devocional 21-07-11




La puerta de entrada al reino

"Bienaventurados los pobres en espíritu", Mat_5:3

Cuídate de considerar al Señor apenas como un maestro. Si Jesucristo es sólo un maestro, entonces lo único que puede lograr es martirizarme al establecer unas normas que no puedo cumplir. ¿De qué sirve que me presente un ideal tan alto, si me resulta imposible alcanzarlo? Sería más feliz si no lo conociera. ¿Para qué sirve que me ordene ser lo que nunca puedo: Que sea limpio de corazón, que haga más de lo que me ha ordenado, o que me consagre completamente a Dios? Debo conocer a Jesucristo como Salvador antes de que su enseñanza signifique para mí algo distinto a un ideal elevado que lleva a la desesperación. Pero cuando he nacido de nuevo por el Espíritu de Dios, comprendo que Jesús no vino solamente para enseñar, sino también para hacer de mí lo que debo ser. La redención significa que Jesucristo le puede impartir a cualquier persona la misma naturaleza que controló su propia vida. Todas las normas que Dios nos da están fundamentadas en esa naturaleza. 
La enseñanza del Sermón del Monte desespera al hombre natural; y eso es precisamente lo que Jesús quiere que suceda. Mientras nos justifiquemos a nosotros mismos creyendo que podemos poner en práctica las enseñanzas de nuestro Señor, Dios nos dejará seguir hasta que nuestra ignorancia se rompa contra algún obstáculo. En ese momento estaremos dispuestos a acercarnos como indigentes para recibir de Él. Bienaventurados los pobres en espíritu. Este es el principio número uno en el Reino de Dios. La piedra angular en el reino de Jesucristo es la pobreza, no las posesiones; ni las decisiones a favor de Él, sino un sentido de absoluta inutilidad. Al final admitimos: "Señor, ni siquiera puedo empezar a hacerlo". Entonces, Jesús nos dice: "Bienaventurados seréis", Mat_5:11. Esa es la puerta de entrada al reino y, sin embargo, ¡nos toma mucho tiempo creer que somos realmente pobres! El conocimiento de nuestra propia pobreza nos lleva al lugar correcto, es decir, donde Jesucristo obra. 

miércoles, 20 de julio de 2011

DEVOCIONAL 20-07-11




“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”  1Pe 5:7


Es posible vivir una larga, muy larga vida como creyente y nunca aprender a echar nuestra ansiedad sobre el Señor. Podemos memorizar el versículo y aún predicarlo a los demás, y no obstante jamás llevarlo a la práctica en nuestras vidas. Sabemos teológicamente que Dios cuida de nosotros, que está interesado en nuestros asuntos y que es capaz de tener cuidado de las ansiedades más grandes que podríamos imaginar. Con todo, insistimos en dar vueltas en nuestras camas por la noche, inquietos, lamentándonos e imaginando lo peor.
No tiene porqué ser de ese modo. Tengo un amigo que enfrenta más problemas y dolores de cabeza que lo que la mayoría de nosotros hemos conocido. Si tuviera que llevarlos por sí mismo, sería un caso perdido. ¿Qué es lo que hace? Los lleva al Señor y los deja allí, se levanta de sus rodillas, se mete en la cama, canta unos cuántos versos de un himno y en poco tiempo está profundamente dormido.
Bill Bright le dijo una vez a LeRoy Eims: “LeRoy, he encontrado un gran consuelo en 1Pe_5:7. He llegado a la conclusión en mi propia vida que, o llevo mis cargas o las lleva Jesús. No podemos llevarlas ambos y he decidido echarlas sobre él”.
Eims decidió probar. Escribió: “Fui a mi habitación y comencé a orar. Hice lo que Bill me había dicho con todas mis fuerzas. Durante meses había llevado un pesado nudo en mi estómago. Pude sentir en realidad que esto se iba. Experimenté la liberación de Dios. No, el problema no se fue, y no se ha ido hasta este día. Pero la carga se ha ido. Ya no paso más noches en blanco. Ni sufro para dormir. Puedo enfrentar honestamente las cargas con un espíritu gozoso y agradecimiento de corazón”. 
La mayoría de nosotros podemos identificarnos con aquél que escribió: “Es la voluntad de Dios que eche / a diario mi ansiedad sobre él. / También pide que no deje / de confiar en él. / Pero ¡Oh qué neciamente actúo / cuando tomado de improviso, / abandono mi confianza / Y todas mis preocupaciones llevo.
Y en todo tiempo el Salvador nos dice: 


No lleves ni un solo afán,
Uno es mucho para ti.
La obra es mía, sólo mía.
Tu obra es: descansa en Mí.
William MacDonald

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Dependientes de la presencia de Dios

"Mas los que esperan a Jehová... caminarán y no se fatigarán", Isa_40:31

De ninguna manera caminar representa una gran emoción, pero es lo que prueba todas nuestras cualidades de firmeza y constancia. "Caminar y no fatigarse" es la prueba suprema de mi grado de fortaleza. El verbo andar o caminar se emplea en la Biblia para expresar el carácter de una persona. Y mirando a Jesús que andaba por allí dijo: "¡Este es el Cordero de Dios!" Jua_1:36. En la Biblia no hay nada abstracto, todo es vivo y real. Dios no dice: "Sé espiritual", sino: "Anda delante de mí", Gén_17:1. 
Cuando nuestro estado físico o emocional no es saludable, siempre queremos sensaciones. En nuestra vida física esto conduce a la falsificación de la obra del Espíritu Santo; en la emotiva, nos lleva a pasiones desordenadas y a la destrucción de la moralidad. En el ámbito espiritual si nos empeñamos en conseguir emociones, en tener alas y remontarnos sobre las alturas, terminaremos destruyendo nuestra espiritualidad. 
En realidad, disfrutar de la presencia de Dios no depende de estar en ningún lugar o circunstancia, sino de nuestra decisión de mantener al Señor siempre delante de nosotros. Los problemas surgen cuando rehusamos poner nuestra confianza en la realidad de su presencia. La experiencia de la cual habla el autor del Sal_46:2, "No temeremos, aunque...", también será nuestra una vez que nos basemos en la realidad; no en la conciencia de la presencia de Dios, sino en la realidad de ella. Entonces exclamaremos: "¡Él ha estado aquí todo el tiempo!" 
En los momentos críticos de nuestra vida es necesario pedirle a Dios su dirección, pero es innecesario decirle todo el tiempo: "Oh Señor, dirígeme en esto y aquello". ¡Por supuesto que Él lo hará y, de hecho, ya lo ésta haciendo! Si nuestras decisiones diarias no están de acuerdo con su voluntad, Él actuará y refrenará nuestro espíritu. Por esa razón debemos estar quietos y esperar la dirección de su presencia. 



martes, 19 de julio de 2011

DEVOCIONAL




“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” Pro18:24.

Aún cuando todas las versiones modernas traducen este versículo de modo diferente, la versión Autorizada en inglés conserva escrupulosamente la valiosa verdad que la amistad debe cultivarse. Florece cuando la atendemos y muere cuando la descuidamos.
Un editorial en la revista Decisión decía: “Las amistades no surgen simplemente; hay que cultivarlas, es decir, trabajarlas. No se basan en tomar sino en dar. No son sólo para los buenos tiempos sino también para los malos. No ocultamos nuestras necesidades a un verdadero amigo. Tampoco nos apegamos a un amigo sólo para recibir su ayuda”.
Vale la pena conservar a un buen amigo. Está a tu lado cuando te acusan falsamente. Te elogia por todo lo que es digno de alabanza y es franco para señalar áreas que necesitan mejora. Se mantiene en contacto a través de los años, compartiendo tus tristezas y alegrías.
Mantenerse en contacto es importante. Por ejemplo, por medio de cartas, tarjetas postales, llamadas telefónicas y visitas. Pero la amistad es una calle de dos sentidos. Si dejo de escribir o de contestar cartas, estaré diciendo que no considero la amistad tan valiosa como para que siga. Estoy demasiado ocupado, no deseo que me molesten o detesto escribir cartas. Pocas amistades pueden sobrevivir el abandono continuado.
Nuestra renuncia a comunicarnos es a menudo una forma de egoísmo. Pensamos en nosotros mismos, en el tiempo, el esfuerzo y el coste implicados. La verdadera amistad piensa en los demás, cómo podemos animar, consolar, alegrar y ayudar; cómo podemos ministrar alimento espiritual.
¡Cuánto debemos a los amigos que se nos acercan con una palabra del Espíritu cuando ésta más se necesita! Hubo un tiempo en mi vida cuando me sentía muy desanimado por una profunda decepción en el servicio cristiano. Un amigo que no sabía de mi desilusión me escribió una animada carta en la que citaba Isa_49:4, “Pero yo dije: por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios”. Era justamente la palabra que necesitaba para levantarme y ponerme a trabajar de nuevo.
Charles Kingsley escribió: “¿Podemos olvidar a un amigo, / podemos olvidar un rostro, / que nos alegró hasta el fin, / que nos animó en nuestra carrera? / ¡Con las almas divinas, que profunda es nuestra deuda! / Aunque pudiéramos, no las olvidaríamos”.
La mayoría de nosotros tenemos solamente unos cuantos amigos cercanos en la vida. Siendo esto así, con toda firmeza debemos mantener esas amistades fuertes y saludables.

William MacDonald

 
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